Visita al santuario de Ise en Mie
La vida reside precisamente en lo que se hereda
Una iniciativa sostenible de más de mil años
En Japón existe una famosa tradición llamada shikinen sengu. Es un ritual que se ha mantenido durante casi 1300 años en el santuario de Ise, en el que cada 20 años se reconstruye de forma idéntica su edificación en madera. Al ocurrir cada 20 años, una persona puede experimentarlo unas dos veces en la vida. Se trata entonces de un sistema donde las técnicas de los carpinteros del santuario y los demás involucrados se transmiten a la siguiente generación. Además, los árboles para la reconstrucción se cuidan con esmero en bosques propios y bosques nacionales de la zona de Kiso, con un horizonte de 100 o 200 años. La madera que cumple su ciclo tras 20 años se recicla en santuarios de todo Japón o se utiliza para las placas que suelen colocarse fuera de las casas indicando el apellido de la familia. Es decir, mediante la relación entre el ser humano y la naturaleza, el conocimiento de sus características y la herencia de sus dones, durante más de mil años se ha mantenido un avanzado sistema "circular", por usar la terminología actual.
Asimismo, el bosque protegido río arriba para el ritual genera también otro ciclo: el agua de las montañas se convierte en ríos que nutren los cultivos de arroz y luego en sal y productos marinos, los cuales se presentan como ofrendas al santuario. Además, como estos rituales y la labor de conservación los lleva a cabo la comunidad local, se fortalecen los lazos entre las personas.
Entre las anécdotas relacionadas con el santuario de Ise, se conserva un poema estilo waka atribuido a Saigyo, un famoso poeta y viajero, compuesto supuestamente en ese lugar. "Aunque no sepa qué reside aquí, su bondad me llena los ojos de lágrimas". Es un poema que expresa gratitud y reverencia ante la naturaleza, que da vida a todas las cosas y está más allá de la razón. Después de más de 800 años, sigue siendo recitado por muchas personas y resuena con nuestra visión de la naturaleza. Y el temor y la gratitud hacia la naturaleza —que está más allá del control humano— se han convertido en la oración de muchas personas y han sostenido este ritual por más de mil años. Precisamente este ciclo que abarca y hereda tan enorme flujo es lo que puede llamarse vida, recordándonos que somos parte de un gran organismo vivo. Teniendo esto presente, en Amano Enzyme seguimos adelante con nuestras iniciativas sostenibles.
Del crecimiento a la circularidad
La palabra "sostenible" fue adoptada desde el extranjero y redescubierta en Japón, pero tal vez lo importante hoy es percatarnos de la diversidad de sabidurías que los climas y culturas locales han generado en cada región. El Partenón y el Coliseo son maravillosas construcciones de su época, preservadas como patrimonio mundial; pero, como ocurre con el shikinen sengu, otra forma es desarmar y reconstruir periódicamente lo antiguo para transmitir a través de las generaciones una sabiduría y unas técnicas invisibles, junto con la actitud de gratitud y conexión con la naturaleza.
Además, en Japón existe el espíritu de la eterna juventud, o tokowaka. No se trata de permanecer igual para siempre, sino de seguir renaciendo para alcanzar así la vida eterna. No consiste en aferrarse al mantenimiento y crecimiento de la vida presente, sino en encontrar la eternidad precisamente en el ciclo de transmisión hacia una nueva vida. El shikinen sengu se realiza precisamente con este espíritu, al igual que el Año Nuevo, un ritual muy familiar para los japoneses. Al final del año se hace una limpieza profunda, se renuevan los utensilios y cada persona renace con un espíritu de pureza para recibir el nuevo año. El mundo se renueva cada vez y eso se celebra en comunidad. Igual que las plantas, que a través de las estaciones brotan, florecen, fructifican y se marchitan para albergar nueva vida en primavera. En Amano Enzyme tomamos nuestras decisiones de gestión sin temor a renacer con los tiempos, para mantenernos frescos y perdurar, sin olvidar la perspectiva de qué podemos transmitir a las futuras generaciones.
Colaboración: santuario de Ise / Kiyomi Chikusa (escritora)